¿CUANDO HABLAMOS DE EMOCIONES, DE QUÉ HABLAMOS?

 

Expresión de las emociones


La palabra emoción proviene del Latín movere –que significa mover– junto al prefijo e, es decir emovere, que significa un movimiento hacia, agitación o excitación, o sea, una tendencia a la acción.

La emoción es una reacción física, psicológica y conductual a un estímulo o situación determinados. Es la respuesta inmediata del organismo ante estímulos internos o externos que pueden ser  pensamientos, imágenes, sensaciones y todo lo que percibimos por medio de nuestros sentidos.

Es una experiencia multidimensional con tres dimensiones o componentes que se dan simultáneamente y se retroalimentan, pero a la vez cada uno de los componentes de la emoción puede adquirir una relevancia o preponderancia en cada emoción en especial, en cada individuo en particular, y en una situación determinada.

Las emociones tienen una gran influencia en nuestra salud física, psicológica y calidad de vida, y como seres psico-bio-sociales, pueden tener impacto en todas esas áreas. Sin dudas  pueden hacernos felices o infelices, enfermar como también recuperarnos; todo depende de cómo las regulemos.

Cuando hablamos de emociones positivas o negativas, no es porque en sí mismas lo sean, sino porque las vivimos como agradables o desagradables. Por ejemplo, la ira, una emoción que consideramos típicamente negativa, sólo lo será si las consecuencias de esa ira fueran negativas. Sin embargo, si esa misma emoción se activara para preservar la integridad, sería considerada adaptativa.

La valoración que hagamos de la emoción como  positiva o negativa va a depender del contexto, la situación, la frecuencia, la intensidad y duración. En determinado momento puede llegar a ser beneficiosa pero, si se prolonga más allá de lo necesario porque el motivo o causa de la emoción ha desaparecido, entonces se puede convertir en  perjudicial y desadaptativa.

De la misma manera, el miedo que en un momento puede ayudarnos a defendernos de un peligro real, puede resultar en evitación o fobia cuando el peligro es imaginario.  Así también, el amor y la alegría que consideramos las emociones más positivas, pueden transformarse en euforia o furor, en celos patológicos u obsesión.